Bienvenidos una vez más. Hoy no vamos a hablar de cables, ni de teraflops, ni siquiera de resoluciones de pantalla. Hoy vamos a hablar de relaciones. Pero no de cualquier tipo de relación, sino de un matrimonio de conveniencia que ha sacudido los cimientos de Silicon Valley. Imaginen una boda de la alta sociedad. En un lado del altar, vestido de blanco impoluto, minimalista y obsesionado con la privacidad, tenemos a Apple. En el otro lado, con un traje lleno de bolsillos repletos de datos y una sonrisa que lo sabe todo, está Google. El oficio religioso lo celebra la Inteligencia Artificial, y los invitados, nosotros, los usuarios, miramos atónitos preguntándonos: ¿No se odiaban estos dos?
Soy Iñaki, y hoy vamos a diseccionar la fusión de Google Gemini en el ecosistema de Apple. Una historia de amor interesada, de necesidad mutua y de cómo el viejo Siri, aquel asistente que prometía tanto y cumplía tan poco, ha tenido que pedir ayuda al enemigo para no quedarse obsoleto. Pónganse cómodos, porque en esta historia de "frenemies", nadie da puntada sin hilo.