Hubo un tiempo en el que una tarjeta gráfica era un componente más del ordenador, algo que pinchabas en la placa y listo. Hoy, una gráfica de gama alta cuesta lo mismo que una moto, ocupa lo mismo que una caja de zapatos y consume más electricidad que el horno de tu cocina. Nos han convencido de que necesitamos 24 gigas de memoria y trazado de rayos para leer el correo, mientras los desarrolladores han dejado de optimizar porque "ya se apañará tu hardware". Bienvenidos a la era de la fuerza bruta y la cartera vacía.
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