jueves, 22 de enero de 2026

Amstrad CPC 464: Cuando la paciencia se medía en vueltas de casete

Hoy no os hablo desde la Fundación ZOO KOKI, ni desde mi estudio de fotografía. Hoy os hablo desde el suelo del salón de mis padres, en 1986. Tengo 7 años, estoy merendando un bocadillo de Nocilla y frente a mí tengo una máquina que parece el cuadro de mandos de un avión de combate.


Tiene teclas rojas, azules y verdes. Tiene un monitor de fósforo verde que te broncea la retina. Y lo más importante: tiene una puertecita mágica a la derecha donde metes cintas de casete. Damas y caballeros, hoy rendimos homenaje a mi primer amor y mi primer dolor de cabeza: el Amstrad CPC 464. La máquina que me enseñó informática a base de latigazos de frustración y destellos de gloria.

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