Imaginad por un momento el taller de un escultor del Renacimiento. Miguel Ángel, cincel en mano, frente a un bloque gigante de mármol blanco. Para que el David "nazca", Miguel Ángel tiene que destruir. Tiene que golpear, romper y quitar todo lo que sobra. El suelo de su taller acaba lleno de escombros, polvo y trozos de piedra que ya no sirven para nada. Es un proceso sustractivo. Para crear algo hermoso, generamos una montaña de basura.
Ahora, cambiad de escenario. Mirad el rincón de una ventana vieja en el campo. Allí, una pequeña avispa está construyendo su nido. Ella no tiene un bloque de material del que quitar trozos. Ella empieza con la nada. Y viaja, coge una bolita de barro, la trae y la pone. Luego otra. Y otra. Capa a capa. Hilo a hilo. Levanta una estructura perfecta sin generar ni un solo gramo de escombro. No sobra nada. Todo el material se usa.
Los humanos, en nuestra arrogancia tecnológica, acabamos de "inventar" una máquina que hace esto. La llamamos "Impresora 3D". Nos creemos futuristas porque hemos dejado de tallar para empezar a "imprimir". Pero hoy, en el episodio 51, vamos a bajar los humos a nuestra ingeniería. Vamos a descubrir que la naturaleza lleva millones de años siendo la fábrica más eficiente del universo.
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